sábado, 12 de noviembre de 2011

Hombre vulgar

A veces pienso que mi creatividad se está agotando. Las ideas ya no fluyen como antes. Y si lo hacen, ya no a borbotones, como lava ardiente que estalla en el aire, aliviando un corazón desesperado que un rato después vuelve a caer en el desasosiego y vuelta otra vez. Será que poco a poco me voy transformando en esa persona que antes me parecía tan ajena, ese rostro que no era visible en los tugurios a los que me había habituado, esos ojos que no me miraban por las calles oscuras por las que deambulaba, esos oídos que no escuchaban mis ronquidos a plena mañana. Ese individuo que jugaba un rato con sus hijos para luego acostarse junto al cuerpo cálido de su amada mientras yo escuchaba un disco, me fumaba un cigarrillo y me derrumbaba en una cama vacía con la única compañía de una voz trasnochada en una radio.

- ¡Ya no te reconozco amigo mío! Ya no hueles a tabaco, no caminas la noche escapando a la soledad, ni le hablas a la luna sobre tus penas. Te paseas con un cochecito de bebé en una mano y una bella mujer en la otra y cuando te encuentro en la plaza una tarde soleada no puedo distinguirte de aquel rostro anónimo que antes te parecía tan ajeno. ¿Qué ideas pueden surgir de esa mente que se ha vuelto vulgar? ¿Qué clamor puede emanar de ese corazón satisfecho?

- Es posible que el fuego se termine apagando y con él se acaben las palabras. Puede ser que a tus ojos me transforme en una cáscara vacía, en una marioneta más de este gran circo. Pero lo haré contento. Con el rostro seco de lágrimas y una sonrisa cálida. Y esperando tranquilo el día del juicio final.  


Fecha de origen: 05/09



No hay comentarios:

Publicar un comentario