viernes, 10 de febrero de 2012

Volcanes

Todos somos volcanes esperando nuestro momento para entrar en erupción. Acumulamos en nuestro interior un magma de sufrimientos que pugna por salir, por estallar en mares de lava incandescente, por oscurecer el sol que nos mira indiferente, que nos alumbra hipócritamente, que ilumina nuestras miserias sin ninguna compasión.

Algunos nunca encuentran la forma de entrar en erupción. La dolorosa lava va consumiendo su interior, lenta e implacablemente, hasta que un día quedan huecos, vacíos, y se derrumban inexorablemente.

Afortunadamente, ese no es mi caso. No falta la ocasión en que ríos de palabras ardientes brotan abrupta e inesperadamente de mi interior en busca de libertad. A veces, en una erupción inoportuna debo alejarme de vos, para no quemarte, para no ahogarte, para no arrastrarte con estos borbotones de lava furiosa.

No sé cuál será mi final. Tal vez, desparramado en pedazos luego de la próxima erupción. Tal vez, abrasando con mi fuego algún ocasional inocente. Tal vez, encontrando tu corazón en medio de las llamas.


 Fecha de origen: 10/06

miércoles, 8 de febrero de 2012

Silla de bebé

Olvidada en un rincón del living, la silla de bebé no sabe más que hacer. Mira anhelante el paso de las horas, se refriega con ahínco las articulaciones ya tiesas por la larga inactividad, me mira con irritación, aburrida de mi presencia indiferente… Ya no aguanta más la ausencia de ese niño que le da sentido a su existencia, de por sí bastante ingrata. Una fiel servidora que de la noche a la mañana no será más que un estorbo. 

Y si escuchan con atención podrán escuchar un muy leve chirrido: una ansiedad de plástico, un silencioso llanto, que nos unen a ella y a mí en esta larga espera. 


Fecha de origen: 08/09

viernes, 3 de febrero de 2012

Alejándome de mí

Mientras el cielo mudaba sus colores caprichosamente, jugueteando con los racimos de nubes que se atrevían a acercarse a sus manos, y una delicada felina mordisqueaba incansablemente un trozo de hilo sisal, yo intentaba atemperar la tristeza de tu ausencia escuchando una fuga de Bach para clave.

Me subí a los acordes despedidos por aquel teclado con el afán de alejarme de mi mismo y de repente me vi tan minúsculo que tomé conciencia de la altura alcanzada y entré en pánico.

Mi figura comenzó a agrandarse a medida que caía aceleradamente sobre mi mismo pero atiné maquinalmente a sacudir mis brazos lo más rápido que pude y para mi sorpresa detuve el frenético descenso.

Me encontré volando en ese cielo que ya se había tornado nocturno vislumbrando a lo lejos la sonrisa de la luna allí en el horizonte y me sentí leve y feliz. Aun pensaba en ti pero de una manera distinta. Como una inspiración, como una música magnífica, como un color delicioso, como un augurio de felicidad… y mi cuerpo se elevó aun más, tanto que la esfera terrestre se mostró súbitamente en toda su extensión ante mis ojos.

Me vi navegando entonces sin rumbo por el cosmos. Mi cuerpo se desplazaba sin encontrar la menor resistencia en ese absoluto vacío que para mi estaba lleno de significados y de sensaciones. Los cometas me saludaban al pasar, apurados para no llegar tarde a su cita estelar.  

Pero el magnífico salto de la feroz gata con el hilo sisal entre sus dientes me hizo retornar de improviso a la tierra. Me encontré con el codo clavado en la mesa de vidrio y mi mano sosteniendo mi cabeza inclinada. Busqué entonces en mi mente tu hermosa imagen y suspiré…


Fecha de origen: 06/07

jueves, 2 de febrero de 2012

Carrera desenfrenada

Y, súbitamente, me encuentro embarcado en una loca carrera, sin nada de lo cual escapar ni ningún sitio al que llegar. Sacudo mis brazos, aumento la intensidad del movimiento de mis piernas y voy logrando una velocidad creciente. Pareciera que todo va quedando atrás: esos fantasmas que sobrevuelan mi mente y ensombrecen mis pensamientos pero también aquello que me hace feliz y por lo que me gustaría detenerme, al menos un instante, para poder disfrutarlo como es debido. Sin embargo, acelero aun más el ritmo de mis miembros sin darme cuenta, con el vértigo, que comencé a perder fragmentos míos en el camino. Al principio, trozos de epidermis, algo de pelo y una oreja, pero luego, una parte del intestino, el hígado y la vejiga. Y, como no puedo dejar de correr, pierdo también dos costillas, el páncreas, un pulmón y el hipotálamo. Y cuando se desprenden los huesos de mis piernas y mi columna vertebral, lo que resta de mí se desparrama desordenadamente en el fango. Sólo me quedan unos instantes para contemplar el derrotero de vísceras y anhelos que dejó esta corrida desenfrenada. 


Fecha de origen: 01/12