jueves, 2 de febrero de 2012

Carrera desenfrenada

Y, súbitamente, me encuentro embarcado en una loca carrera, sin nada de lo cual escapar ni ningún sitio al que llegar. Sacudo mis brazos, aumento la intensidad del movimiento de mis piernas y voy logrando una velocidad creciente. Pareciera que todo va quedando atrás: esos fantasmas que sobrevuelan mi mente y ensombrecen mis pensamientos pero también aquello que me hace feliz y por lo que me gustaría detenerme, al menos un instante, para poder disfrutarlo como es debido. Sin embargo, acelero aun más el ritmo de mis miembros sin darme cuenta, con el vértigo, que comencé a perder fragmentos míos en el camino. Al principio, trozos de epidermis, algo de pelo y una oreja, pero luego, una parte del intestino, el hígado y la vejiga. Y, como no puedo dejar de correr, pierdo también dos costillas, el páncreas, un pulmón y el hipotálamo. Y cuando se desprenden los huesos de mis piernas y mi columna vertebral, lo que resta de mí se desparrama desordenadamente en el fango. Sólo me quedan unos instantes para contemplar el derrotero de vísceras y anhelos que dejó esta corrida desenfrenada. 


Fecha de origen: 01/12

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