Arrastrado por esta necesidad angustiante no sé muy bien de
qué, eché mano a lo primero que encontré en la habitación para desplegar mi
escritura. Podría haber sido peor. Podría haber agarrado un pañuelo, una
servilleta, un pedazo de papel higiénico, podría haber estampado mis
pensamientos en la pared incrementando el ya de por sí importante costo de mi
estadía en este rincón de los Alpes, pero encontré una hoja, parte de ella
impresa con temáticas de oficina pero con un espacio en blanco suficiente para
desarrollar algunas ideas, que seguramente serán pretenciosas, inspiradas a
volar alto por esa gran montaña que se levanta delante de mis ojos. Y entonces,
vuelvo a preguntarme qué es lo que me impulsa a escribir, alterando con el
golpeteo molesto de una lapicera regalada el sueño sagrado de mi hijo. ¿Será el
miedo a la muerte tal vez? Una manera de
burlar al tiempo, que inexorablemente nos quita de las manos todo lo bueno y lo
malo que podemos conseguir. Congelar un puñado de ideas a la manera de Walt
Disney para, dentro de algunas décadas, avergonzarme de su maravillosa
juventud. ¿Puede ser también la necesidad de manifestar de alguna manera algo
de todo aquello que mi superyó se esfuerza por dejar confinado en el silencio?
Una necesidad que lograría su cometido sólo en forma muy defectuosa. Si no,
alguien debería explicarme cuál de todas las barrabasadas que acostumbro a
escribir sería merecedora de semejante castigo. ¿Pero porqué no tratarse
simplemente de un placer irresistible? Como tomarse una copa de licor, comer un
trozo de torta o darse un chapuzón un día de verano. A veces no se trata más
que de juguetear un rato con las palabras, entregarse manso a ese torrente de
ideas que por momentos parece surgir inagotable o sentir el cosquilleo
orgulloso de una oración bien construida. Pero también puede ser un medio para
sentirme más importante, para sentir que mi vida puede dejar un fruto
perdurable, un refugio en lo incontrastable. ¿Quién puede asegurarme que el día
de mañana esta obra ignorada no va a ser descubierta y revalorada? Quizás sea
todo esto y mucho más que no acierto a descubrir en este devaneo inútil e
incorregible.
Fecha de origen: 05/09
No hay comentarios:
Publicar un comentario