sábado, 10 de noviembre de 2012

Enredo



Dos manos se tomaron en el profundo silencio. Los dedos se entrelazaron lentamente. Y, cuando ya no hubo lugar para ningún movimiento más, fue el turno de los brazos. Comenzaron a enredarse subiendo por el aire caliente, como serpientes aferrándose a sus presas. Y, luego, las piernas se fusionaron, dibujando extrañas sombras en la pared.

Los otrora cuerpos humanos se transformaron así en una nueva criatura, desconocida en este mundo, entre adorable, temible y grotesca. Los torsos y las cabezas se vislumbraban apenas, tras un enjambre de miembros palpitantes. Las voluntades que antes regían esos universos inconexos habían perdido completamente el control. La criatura se agrandaba con cada latido de corazón.

Pero un alarido desgarrador atravesó la noche. Y en esos cuerpos fundidos empezaron a aparecer grietas. Donde antes se veía una figura indescifrable se pudo identificar un muslo, donde antes se observaba un engendro amorfo ahora se presentaba un torso definido, coronado por un rostro absorto. El aire se torno frío e irrespirable y todo quedó en silencio una vez más.


Fecha de origen: 08/12

sábado, 11 de agosto de 2012

Una necesidad angustiante


Arrastrado por esta necesidad angustiante no sé muy bien de qué, eché mano a lo primero que encontré en la habitación para desplegar mi escritura. Podría haber sido peor. Podría haber agarrado un pañuelo, una servilleta, un pedazo de papel higiénico, podría haber estampado mis pensamientos en la pared incrementando el ya de por sí importante costo de mi estadía en este rincón de los Alpes, pero encontré una hoja, parte de ella impresa con temáticas de oficina pero con un espacio en blanco suficiente para desarrollar algunas ideas, que seguramente serán pretenciosas, inspiradas a volar alto por esa gran montaña que se levanta delante de mis ojos. Y entonces, vuelvo a preguntarme qué es lo que me impulsa a escribir, alterando con el golpeteo molesto de una lapicera regalada el sueño sagrado de mi hijo. ¿Será el miedo a la muerte tal vez?  Una manera de burlar al tiempo, que inexorablemente nos quita de las manos todo lo bueno y lo malo que podemos conseguir. Congelar un puñado de ideas a la manera de Walt Disney para, dentro de algunas décadas, avergonzarme de su maravillosa juventud. ¿Puede ser también la necesidad de manifestar de alguna manera algo de todo aquello que mi superyó se esfuerza por dejar confinado en el silencio? Una necesidad que lograría su cometido sólo en forma muy defectuosa. Si no, alguien debería explicarme cuál de todas las barrabasadas que acostumbro a escribir sería merecedora de semejante castigo. ¿Pero porqué no tratarse simplemente de un placer irresistible? Como tomarse una copa de licor, comer un trozo de torta o darse un chapuzón un día de verano. A veces no se trata más que de juguetear un rato con las palabras, entregarse manso a ese torrente de ideas que por momentos parece surgir inagotable o sentir el cosquilleo orgulloso de una oración bien construida. Pero también puede ser un medio para sentirme más importante, para sentir que mi vida puede dejar un fruto perdurable, un refugio en lo incontrastable. ¿Quién puede asegurarme que el día de mañana esta obra ignorada no va a ser descubierta y revalorada? Quizás sea todo esto y mucho más que no acierto a descubrir en este devaneo inútil e incorregible.

Fecha de origen: 05/09

sábado, 28 de abril de 2012

Travesía otoñal


De repente, me desprendo de esa rama, que hasta este momento había sido mi padre, mi madre, mi sustento…, y comienzo a dibujar en el aire una caída sinuosa, desafiante, resistiendo la seducción de la gravedad. Miro por última vez ese tronco que conoce el secreto de mi origen y sus intrincados pliegues que más de una vez me animé a tocar en alguna tarde tormentosa. Hasta que una ráfaga de un viento furioso y frío como no había conocido hasta hoy me arrastra violentamente, lejos, hacia el cielo. Doy vueltas y vueltas y cuando abro lo ojos me rodea una inmensidad celeste. Me cruzo, entonces, con un pájaro, que me mira indiferente en medio de su esforzado vuelo. Permanezco suspendida un instante eterno aguardando el momento de la inevitable caída pero un nuevo soplido de ese obstinado viento me lleva más alto, más alto…, más cerca del sol. Desearía continuar este ascenso para fundirme en su cuerpo incandescente, para unirme en el final con mi principio. Sin embargo, debo contentarme con haber llegado más cerca de él que la mayoría de mis hermanas. Y, ante la calma, tal vez olvido, de mi caprichoso jinete, recomienzo mi descenso. Me divierto con miles de acrobacias, jugueteo con las nubes díscolas que se atreven a alejarse del rebaño y, cada tanto, vislumbro la lejana tierra, que será mi último lecho. Aquellas personas, árboles, objetos, casas, que hace un pequeño rato eran diminutas van adoptando lentamente la dimensión a la que estoy acostumbrada. Paso a pocos metros de una chica que, sentada en el banco de una plaza, contempla con tristeza los cambiantes colores del atardecer. Me quedo admirándola, adormecida por el vaivén de mi caída, y por un instante llego a ver mi reflejo en una lágrima que se desliza por su mejilla. Mientras recorro pausadamente los últimos centímetros que me separan del suelo me sorprende encontrar un muchacho que sigue con atención mi periplo. Su rostro tenso se afloja por un momento, dispersándose las sombras de antiguas y recientes preocupaciones. Una tímida e incrédula sonrisa busca abrirse paso por su rígida mandíbula. Disfrutando este pequeño logro me poso finalmente sobre la hierba. Y me quedo saboreando las últimas gotas de savia, que determinarán mi final.



Fecha de origen: 03/12

 

viernes, 10 de febrero de 2012

Volcanes

Todos somos volcanes esperando nuestro momento para entrar en erupción. Acumulamos en nuestro interior un magma de sufrimientos que pugna por salir, por estallar en mares de lava incandescente, por oscurecer el sol que nos mira indiferente, que nos alumbra hipócritamente, que ilumina nuestras miserias sin ninguna compasión.

Algunos nunca encuentran la forma de entrar en erupción. La dolorosa lava va consumiendo su interior, lenta e implacablemente, hasta que un día quedan huecos, vacíos, y se derrumban inexorablemente.

Afortunadamente, ese no es mi caso. No falta la ocasión en que ríos de palabras ardientes brotan abrupta e inesperadamente de mi interior en busca de libertad. A veces, en una erupción inoportuna debo alejarme de vos, para no quemarte, para no ahogarte, para no arrastrarte con estos borbotones de lava furiosa.

No sé cuál será mi final. Tal vez, desparramado en pedazos luego de la próxima erupción. Tal vez, abrasando con mi fuego algún ocasional inocente. Tal vez, encontrando tu corazón en medio de las llamas.


 Fecha de origen: 10/06

miércoles, 8 de febrero de 2012

Silla de bebé

Olvidada en un rincón del living, la silla de bebé no sabe más que hacer. Mira anhelante el paso de las horas, se refriega con ahínco las articulaciones ya tiesas por la larga inactividad, me mira con irritación, aburrida de mi presencia indiferente… Ya no aguanta más la ausencia de ese niño que le da sentido a su existencia, de por sí bastante ingrata. Una fiel servidora que de la noche a la mañana no será más que un estorbo. 

Y si escuchan con atención podrán escuchar un muy leve chirrido: una ansiedad de plástico, un silencioso llanto, que nos unen a ella y a mí en esta larga espera. 


Fecha de origen: 08/09

viernes, 3 de febrero de 2012

Alejándome de mí

Mientras el cielo mudaba sus colores caprichosamente, jugueteando con los racimos de nubes que se atrevían a acercarse a sus manos, y una delicada felina mordisqueaba incansablemente un trozo de hilo sisal, yo intentaba atemperar la tristeza de tu ausencia escuchando una fuga de Bach para clave.

Me subí a los acordes despedidos por aquel teclado con el afán de alejarme de mi mismo y de repente me vi tan minúsculo que tomé conciencia de la altura alcanzada y entré en pánico.

Mi figura comenzó a agrandarse a medida que caía aceleradamente sobre mi mismo pero atiné maquinalmente a sacudir mis brazos lo más rápido que pude y para mi sorpresa detuve el frenético descenso.

Me encontré volando en ese cielo que ya se había tornado nocturno vislumbrando a lo lejos la sonrisa de la luna allí en el horizonte y me sentí leve y feliz. Aun pensaba en ti pero de una manera distinta. Como una inspiración, como una música magnífica, como un color delicioso, como un augurio de felicidad… y mi cuerpo se elevó aun más, tanto que la esfera terrestre se mostró súbitamente en toda su extensión ante mis ojos.

Me vi navegando entonces sin rumbo por el cosmos. Mi cuerpo se desplazaba sin encontrar la menor resistencia en ese absoluto vacío que para mi estaba lleno de significados y de sensaciones. Los cometas me saludaban al pasar, apurados para no llegar tarde a su cita estelar.  

Pero el magnífico salto de la feroz gata con el hilo sisal entre sus dientes me hizo retornar de improviso a la tierra. Me encontré con el codo clavado en la mesa de vidrio y mi mano sosteniendo mi cabeza inclinada. Busqué entonces en mi mente tu hermosa imagen y suspiré…


Fecha de origen: 06/07

jueves, 2 de febrero de 2012

Carrera desenfrenada

Y, súbitamente, me encuentro embarcado en una loca carrera, sin nada de lo cual escapar ni ningún sitio al que llegar. Sacudo mis brazos, aumento la intensidad del movimiento de mis piernas y voy logrando una velocidad creciente. Pareciera que todo va quedando atrás: esos fantasmas que sobrevuelan mi mente y ensombrecen mis pensamientos pero también aquello que me hace feliz y por lo que me gustaría detenerme, al menos un instante, para poder disfrutarlo como es debido. Sin embargo, acelero aun más el ritmo de mis miembros sin darme cuenta, con el vértigo, que comencé a perder fragmentos míos en el camino. Al principio, trozos de epidermis, algo de pelo y una oreja, pero luego, una parte del intestino, el hígado y la vejiga. Y, como no puedo dejar de correr, pierdo también dos costillas, el páncreas, un pulmón y el hipotálamo. Y cuando se desprenden los huesos de mis piernas y mi columna vertebral, lo que resta de mí se desparrama desordenadamente en el fango. Sólo me quedan unos instantes para contemplar el derrotero de vísceras y anhelos que dejó esta corrida desenfrenada. 


Fecha de origen: 01/12

jueves, 5 de enero de 2012

Montaña

¡Oh, gigante, que te levantas impasible allí a lo lejos! ¡Qué ganas de arrodillarme ante tu majestuosidad! ¡Qué ganas de gritar lo más alto posible para que puedas escucharme! ¿Hay algo más parecido a la divinidad? Tu omnipresencia me ha cautivado por completo, me ha perdido en este mundo subterráneo que yace a tus pies y que parece esforzarse por mantenerse lejos de tus alturas. Sueño con subirme a las alas de aquel cóndor para poder, aunque sea una vez, mirarte el rostro. Y no me importará entonces que el ave ya exhausta me suelte hacia el vacío ya que tras mi larga caída me uniré a ti, montaña, y mis cenizas alimentarán tu orogenia.  


Fecha de origen: 01/09